Según leí en Malawi, hay un dicho en aquel país africano que afirma: "El hombre que tiene una bicicleta es rico". En un mundo en el que “tener/no tener” es cada vez más la única definición que se permite de nosotros mismos --las dos caras, más y más alejadas, del destino común-- una bicicleta puede ayudarnos a recuperar otro sentido de la riqueza: riqueza de la sencillez y riqueza de lo más importante que tenemos, del tiempo y la libertad.